viernes, 28 de agosto de 2009

Producciones de 2º 3ª de Informática B, 2009:

Hacia lo Fantástico

Si tienes valor, atraviesa esa puerta –dijo el viejo, al joven niño.
El niño temeroso salió huyendo y no volvió en toda la tarde. Recostado en su cama, mirando al techo, pensó toda la tarde en la puerta y lo que le había dicho el viejo. A la noche, cuando sus padres dormían, el niño se escapó y fue hacia la puerta. La abrió. Sorprendido, entró. Su cuerpo temblaba de nervios. Detrás de esa puerta encontró un mundo nuevo lleno de fantasías y sueños que él había soñado. El niño, siempre había soñado con ese mundo. Días después, luego de tanto jugar en ese mundo “Maravilloso”, sintió un gran vacío. No sabía lo que era, pero se dio cuenta que lo que le faltaba era su familia, su padre, su madre, su perrito, tan preciado. Entonces, no entendió por qué el viejo le había dicho que cruzara la puerta.


Sonia Viveros, 2º 3ª “B”.


Revisando documentos viejos…

Entonces vieron ese objeto que minutos antes no estaba allí:


Una tarde mientras me arrastraba hacia atrás en mis recuerdos, dormido, mi memoria, sentía que recorría un camino sin fin hacia el pasado. Buscaba aquellas emociones que me hicieron feliz, con la esperanza de traerlas a mi pobre presente. Y de pronto, no sé si por esas cosas de la mente o producto de otra realidad paralela, de la que muchos hablan y que hasta ese entonces me costaba creer; todo lo que me rodeaba se transformó. No sé cómo explicarlo, vino hacia mí. Y entonces la vi. Me miraba tranquila desde un rincón de la habitación. Parecía que me hablaba y de repente: ¡sí, me hablaba! Al mismo tiempo, las paredes acortaban su distancia, parecían acercarse, tocarme, menos a ella que no se movía siquiera.
Extrañas muecas se plantaron ante mi rostro. El aire se enrareció, mientras ella brillaba con luz propia, con su boca dorada y su cuerpo. Trataba de explicarme, pero ya no entendía, no sabía si porque ella se había apoderado de aquel rincón de la habitación, yendo y viniendo. Su anteojo ante mis ojos, o porque la voz de mi madre resonaba en mis oídos, mientras el picaporte de la puerta que también se me vino encima golpeaba mi cabeza aturdiendo mi mente.
Labios que murmuraban sin sentido alguna que otra fase y dolorosos recuerdo: Ella no fue. No estaba aquí. ¿Por qué la buscaste? No sé si fueron mis afiebrados deseos que la trajeron hasta allí, haciéndola presente, o ella había decidido ocupar nuevamente su lugar, saliendo no sé de dónde, utilizándome como vehículo y, ahora lo pienso, con el deseo oculto de inmiscuirse en mi vida y curiosa. Conservaba su línea, su gracia, su poder absoluto. Eempecé a recordar todo perfectamente y yo mismo a formar parte de esr mundo tan fantástico, privilegio de pocos que conocen de soledades. ¿Eran las paredes que tenían brazos? Sentía que mi cuerpo se estaba con deseo. Un rostro familiar y muchos otros me decían que ella valía la pena, que no le preguntaba nada, que ella ajena a todo esto, acompañó siempre silenciosa, los sueños ajenos, algunos de novela.
Empecé a darme cuenta que le mérito era estar allí, donde alguien la buscaba, sin pensar, sin mentir, sólo estar callada, dócil, injustamente acusada de mala. Y de pronto, como si hubiera secretamente entendido mis callados pensamientos. Tuve su boca entre mis manos. La acaricié contra mi pecho, en un gesto y entonces no recuerdo como, cumplió su primer mandato feliz de mi vida y ya en mi boca, me dió su primer y apasionado beso. Mis labios que mordiéndola, tratando de reconocerla, como tal vez lo hizo el otro la primera vez. Le respondieron a ese único largo y oloroso beso. El aire se llenó con su perfume. Mientras mi madre fritaba: - Ella no estaba aquí. ¿Cómo vino? ¿Dónde la encontraste? Te matará, es mala.
- Tócala, está fría.
- ¿No sabes acaso que ella se codea con fantasmas?
- Ella fue la culpable, la alejó de Nosotros, días enteros, noches interminables. Preguntale ¿por qué está ahora aquí, ¿por qué no fue ella también al cielo?
- Mira que alta su sombra, qué soberbio. Pero ya ya sabía del placer de sus besos, y ya tranquilo, recuperado y ya lúcido, desde mi dimensión de adulto, sabiendo de antemano su triunfo, la miré despacio. Detenidamente, por primera vez, impotente y feliz y Ella, como si no se hibiera movido nunca, me miraba; desde cojines de seda: La pipa de mi abuelo.

Marcos Piroli, 2º 3ª "B".

Narración propia a la manera de Cortázar:

Estoy sentado solo, la lluvia cae tan fuerte que parece apuñalar el suelo y hacerme olvidar el libro que tengo en las manos. Sí, es mi mayor placer leer solo, con este tiempo, que al igual que mi libro, también me habla.
Siento frío, está en el aire, lo siento en mi espalda. Vuelvo a la historia, afuera está gris. Pero en la historia, que no puedo dejar, remolinos de dudas se aclaran en mi mente como si los faros de los coches, afuera, me dejaran ver mejor, entender y aceptar: en las páginas del libro mi Padre habla. Me dice cosas que no quiero aceptar. Tal vez me acostumbre y en el último capítulo pueda ver realmente la verdad. Siento que no va a gustarme. Vuelvo a mi libro, no puedo dejar de leer y de pensar. El personaje principal está solo, como yo, también tiene miedo, se siente amenazado de amor, que no tiene fuerzas ya de corresponder. Necesito una manta, el frío sigue ahí en mi espalda, o ¿es ese oscuro miedo? Pienso en mi Padre, la historia me confunde, se mezcla con palabras, palabras. No quiero escuchar, pero también están escritas, fases que parecen que a futuro, me dicen, podría quedarme solo. Voces, están conmigo, por suerte, porque presiento... El teléfono suena y no atiendo. En las páginas de este libro ya están escrito, debo seguir, ¿qué me dirán? Miro hacia afuera. Hace frío. Tanto, que podría congelarse las palabras, los Miedos, menos el mío, que implacable, sigue ahí, al igual que mi libro. Doy vuelta la página y que inexorablemente me cuenta que Petronio, la mascota del protagonista, Petronio, el mono se muere, con la ´´ultima bocanada de aire fresco, en aquel lugar del Amazonas, impotente, ante la caída mortal de su adorado ídolo. Y de golpe, un puñal en el estomago. Abro la ventana, oigo voces, ruidos, retrocedo, me confundo, ahora me doy cuenta no es un puñal. Suena el timbre, es el cartero.

Marcos Piroli, 2º 3ª "B".

Elsa caminaba todos los días a la casa de su hermana Mery, con la que tornaba el té todas las tardes, miraban fotos viejas y recuerdos de la infancia, junto a Juana, la hija de Mery. Esa tarde, Elsa caminaba como siempre a casa de su querida hermana, y ahí estaba Juana revisando documentos y fotos viejas, la mesa estaba llena de papeles que Elsa miró atentamente, cuándo, sorprendentemente abrió el sobre donde estaba el testamento de su hermana querida. Juana lo miró con sus ojos llenos de tristeza. En ese momento, Elsa se daba cuenta que su hermana querida, ya no estaba.

Angélica Cañadas, 2º 3ª "B".

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